jueves, 30 de octubre de 2008
Thiago
miércoles, 29 de octubre de 2008
Posiciones.


Amalgama
martes, 28 de octubre de 2008
ADRIAN

-¿Qué tal estás?
-Bien. Le he dicho ("¡tu sí que sigues bien!" he pensado)
-Al final, ¿te quedas o te trasladan?.
-Me trasladan; he tenido suerte. ("Pena que también te trasladaran a tí", he pensado)
-Pues me alegro por tí.
-Gracias, Adrián ("¡lo siento por no volver a verte allá donde me encuentre!", he pensado)
-¡Pues nada!, Pásate por el gimnasio antes de irte y te despides. A ver si tomamos algo juntos.
-¡Vale, Adrián! Me pasaré. ("Ya quisiera yo pasarme, pero por las duchas de tu gimnasio cuando has acabado de hacer tus deportes", he pensado yo)
¡Y yo me pregunto!... ¿por qué sigue habiendo cosas que uno puede pensar y no puede decir?
lunes, 27 de octubre de 2008
Motes
jueves, 23 de octubre de 2008
Aguas Mayores/Menores
miércoles, 22 de octubre de 2008
Paquito "El Chocolatero"


martes, 21 de octubre de 2008
Tajo-Segura
lunes, 20 de octubre de 2008
JULIVS CELTIBER
domingo, 19 de octubre de 2008
DOMUND

El Domingo Mundial era el día en que, siendo un niño, todos salíamos con las famosas huchas recogiendo las monedas perdidas del pueblo para mandarlas a los negritos.
Mientras que yo agitaba las huchas persiguiendo a todas las abuelas que salían de misa, en plena competición con todos mis amigos para ver quién recaudaba más dinero, Aurelia adornaba todos sus abrigos de astracán con pequeñas pegatinas con un anagrama de la festividad.
-¡Niña!... no me pongas más pegatinas que me estropeas el abrigo -decían aquellas octogenarias damas-. ¡Y lo heredé de mi abuela a quien, a su vez, se lo dejó su bisabuela!... Es un astracán muy bueno y con tanta pegatina, me lo vas a estropear. ¡Venga! ¡Venga! ¡que yo ya he echado dos pesatas!... ¡ale!... ¡déjame tranquila!... ¡Ay, por dios! ¡Todos los años lo mismo!... ¡Estos curas no se cansan de pedir...!
Hoy también en la radio, he oido que sólo son necesarios 3.000 millones de euros para erradicar el hambre en el mundo.
Tres mil míseros millones de euros.
Sí... eso es difícil de recaudar por medio de una hucha. Pero no es tan difícil teniendo en cuenta que sólamente el Gobierno Español está inflando 150.000 millones de euros al sector financiero para disimular esta Crisis.
Y tres mil míseros millones de euros no es nada teniendo en cuenta los más de 800.000 millones de euros que la Unión Europea va a enchufar al sector bancario para que tenga liquidez.
Y tres mil míseros millones de euros no es nada comparado con los también 700.000 millones de euros que EEUU insuflará a dicho sector.
Y tres mil míseros millones de euros no valen nada en comparación con sólo una de las vidas humanas que se muere de hambre cada minuto por culpa del primer mundo.
A veces pienso que nos haría falta una infinita crisis... Una crisis de hambre donde no poder insuflar nada en nuestros estómagos para darnos cuenta del padecimiento ajeno. Para vivir en nuestras carnes la muerte de todos esos inocentes niños. Para darle con las huchas del DOMUND en la cabeza a nuestros ínclitos gobernantes.
¡Sólo Tres mil millones de euros!
jueves, 16 de octubre de 2008
AVE MARIA PURISIMA
-Eeeeeee! Sin Pecado Concebida, hermana. Mire, llamamos ayer por la tarde para decirles que vendríamos hoy a comenzar los trabajos.
-¡Ah! ¡Son ustedes!. ¡Qué alegría!. ¡Miren! ¡Voy a avisar a la madre superiora para que venga ahora mismo y les pueda atender!
De repente un ruido espantoso, martillazos secos, invadieron la portería del convento. Provenían del interior del recinto y resultaban tan desagradables que me dieron ganas de salir a la calle para dejar de oir esos angustiosos zumbidos.
Se hizo el silencio.
-Bueno, hermana. Ya veo que han comenzado las obras dentro del Convento. ¿Venimos en un mal momento?
-¡Oh no! ¡todo lo contrario! ¡todas nosotras les estábamos esperando!. Rogábamos al Señor que pudieran venir cuanto antes. Ya saben: es un trabajo que, precisamente a nosotras, nos hace mucha ilusión. Ya estábamos deseosas de acogerles en nuestra casa. Y claro! Ya hemos avisado al Padre Salvador para que les habiliten sus estancias en el Seminario Menor. ¡Allí podrán descansar tranquilamente, ahora que los muchachos se encuentran de vacaciones!. ¡Ay! ¡Gracias a Dios que ya han llegado! ¡Menos mal que nuestra Santa Madre nos ha escuchado! ¡Cuántas gracias hay que dar al Señor, siempre por medio de nuestra Santa Madre Teresa de Jesús! ¡Cuántas Gracias!... ¡Bueno! ¡como les digo! ¡voy a avisar a la Madre Priora!
¡Zas, Pum, pum, pum.... Plas, Plas, Plas... Pum, Pum, Pum!- Decía de nuevo el ruido horroroso que salía del interior del convento.
Ahí empezó mi experiencia en un Convento de Clausura. Con Permisos y Licencias Eclesiásticas, podíamos -por razón de trabajo- ingresar y movernos libremente por el Convento. ¡Toda una aventura para una persona como yo amante de las antigüedades, de las Obras de Arte y de los artilugios antiquísimos!.
No podré olvidar nunca ese día. Por el lenguaje tan peculiar de una monja de clausura carmelita y por aquellos ruidos espantosos que invadían todo el convento quitándote la Paz de aquella tarde de verano.
-¡Ay! ¡ya están aquí! Soy la madre Superiora. ¡Qué alegría, hermanos! ¡qué alegría! Les estábamos esperando. Tomen la llave y pasen a la Salita de espera. Allí tienen esperando unos zumos de limón con unas pastitas. Esperen, que yo voy para allá y allí, en el locutorio, nos vemos y puedo conocerlos a todos. ¡Qué alegría! ¡cuántas gracias hay que dar a la Santa Madre!
Otra vez el ruido. Horroroso!: Pum, Pum, Pum!!! ¡Plas, Pum, Pum!
-¿Y ese ruido, madre? ¿pasa algo dentro del convento? -pregunté yo, no pudiendo soportar más esos estruendos.
-¡Angelito! ¡no! No pasa nada. ¡Pero qué carita de ángel que tienes! ¡Ay que guapito!. ¡Tú serías un padrecito estupendo! ¿no has pensado nunca en servir a dios en el Sacerdocio? ¡Ay! ¡Con esa cara de angelito que tienes!
-Pues, mire hermana. Cada uno servimos a dios a nuestra manera. No sé... ¡quizás algún día....! -Le dije yo, con las palabras justas y sin saber qué más responder. Pero, hermana, ¿esos ruidos? ¿qué son esos ruidos?
-Nada, hijito! ¡Uy! ¡pero qué gracioso eres y qué buen curita serías!... Nada! ¡no te preocupes, mi niño!... ¡ay! Es que está muy enfermita la hermana Sor María de todas las Angustias Divinas de Nuestro Señor... y claro! Lo que ocurre!... La Madre Antonia, pues, éso!... ¡ya se sabe!... Pero no, hijito, ¡no te preocupes, que no pasa nada!. Ya avisaré yo a La Madre Antonia, mi niño! ¡Ay! ¡Pero qué carita tan dulce tiene mi niño! Si es que pareces un santito!... ¡ay! ¡qué lindo curita serías tú! ¡Y cuántas almas para el Señor procurarías!... ¡Piénsatelo, mi niño! ¡Piénsatelo!....
Nunca podré olvidar, de nuevo, otro nuevo día en aquel Convento. Había pasado ya varias semanas de trabajo en el edificio, semanas durante las cuales, y a diversas horas del día, aquellos ruidos inmundos se reproducían constantemente como un cantar desagradable que invadía cualquier estancia del enorme monasterio.
No pude creerlo. Nunca había visto cosa semajante. Uno de esos días, perdido por el diminuto patio interior pude descubrir el origen de aquellos malditos golpetazos. Se situaban detrás de una antiquísima puerta de ese claustro. Y no pude reprimir mi inquietud por conocer qué es lo que ahí dentro se ocultaba.
Cúal fue mi sorpresa al abrir la puerta y encontrarme con la Hermana Antonia con un enorme martillo de hierro macizo en sus manos. Vestida con todos los hábitos Carmelitanos -fajas, refajos y faldones, tocas y mantones-, con sus mugrientas alpargatas y su hábito remendado, estaba dando fin a un mamotreto, un cajón, una enorme caja... dios! ¡Un ataud!.
Sí... era un Ataud de listones de madera vieja, que mal clavados dejaban tres centímetros de espacio entre listón y listón. Y ensamblado, a modo de cierre, un tablón de madera recortado en forma de ataud que enganchado con unas sogas brutas que servían de agarraderos, permitían el traslado del enorme mamotreto.
-¡Uy! -me dijo la Madre Antonia- ¡angelito!... ¡ya ha descubierto usted el origen de todos sus ruidos! ¡ji-ji-ji-ji! -reía la monja-. ¿Ve como no era para tanto?... ¡A fin de cuentas, a todos nos llegará el momento? ¡ji-ji-ji-ji-ji! -volvía a reir la monja!
No pude creerlo, pero fue cierto. A los dos días y una vez terminado el monstruoso mamotreto fallecía Sor María de todas las Angustias divinas de Nuestro Señor. En su largo lecho de muerte, había estado oyendo -como era habitual en aquel convento- los ruidos que anunciaban la fabricación de su último monumento. Aquel que acojería para siempre su cuerpo mortal.
FOTO: Entrada al Convento de Carmelitas Descalzas de mi localidad: "El Karmen. Año de 1788"
martes, 14 de octubre de 2008
Otra Cena
lunes, 13 de octubre de 2008
A mi vieja.



domingo, 12 de octubre de 2008
12 de Octubre
Multitud de estelas recuerdan, en España y supongo que en toda Hispanoamérica, tal día y a infinidad de personajes relacionados con él.
A mí siempre me pareció una fecha entrañable. Sin tener en cuenta las grandes polémicas sobre la acción colonizadora de España en América, las grandes críticas de las naciones hermanas a la que fuera su colonizadora y los grandes desastres culturales que una acción así desendecanó en aquellas culturas intactas, no dejo de emocionarme cuando, por cuestiones de trabajo, trato con tantos, tantos, tantísimos hispanoamericanos que viven en nuestras tierras y que como hermanos son tratados e integrados en nuestro País. Cada día, en la calle, en mi barrio, en el autobús, en el cine, en el teatro, en el supermercado son infinidad de Ecuatorianos, Colombianos, Mexicanos, Dominicanos, Argentinos... -y demás nacionales de aquellos países- con los cuales tratamos de forma tan cordial, en una misma lengua, en unos mismos gestos y en unas mismas complicidades, que un día así no hace nada más que recordarme los largos lazos de fraternidad con estas gentes y con estos países con los que España debería de volcarse preferencialmente en su acción polícitica internacional.
Sí... en un día así, echo de menos encender la televisión y encontrarme con un telediario en el que después de las noticias nacionales se hable e informe largamente sobre estos Países hermanos, sobre estas gentes que con su esfuerzo ayudan a caminar a la economía nacional y a tintar de multiculturalidad a este estado tan desgastado por discusiones nacionalistas tan vanas. Echo de menos una política nacional volcada de forma preferencial en los paises de habla hispana y aunque conozco a muchos españoles que -en misión- dejan su vida ayudando en la pobreza a estos hermanos hispanoamericanos en sus propios países -enseñanza, sanidad, infraestructuras, educación y formación profesional...-, echo de menos una acción social internacional para sacar de la pobreza a todos estos territorios bellísimos que un día formaron y constituyeron "Las Españas".
En un día tal, quede, a pesar de todo, un saludo de hermandad.
jueves, 9 de octubre de 2008
¡Pobre D. ALFONSO!
Desde joven, Alfonso fue educado en la doctrina católica y liberal para ser rey y soldado. En el contexto del alejamiento entre la España oficial y la España real, los intentos de regenerar España tras el desastre de 1898 y la constitución de 1876, el Rey intervenía en asuntos políticos. Además, tuvo que afrontar diversos problemas como las guerras de Marruecos, el movimiento obrero y el nacionalismo vasco y catalán.
El inicio del reinado coincidió con un cambio generacional en los los partidos dinásticos: el conservador Cánovas fue sustituido por Antonio Maura y el liberal Sagasta por José Canalejas.
La neutralidad de España durante la I Guerra Mundial abrió mercados y favoreció el crecimiento económico y la agitación social. La crisis de 1917 junto al nacionalismo catalán, el sindicalismo militar y las huelgas revolucionarias aumentó la descomposición del régimen político que influyó en el fracaso en 1918 de un gobierno nacional formado por miembros de los dos principales partidos. El reajuste económico posterior a la Guerra Mundial, los fracasos militares en Marruecos, las revueltas sociales y los problemas regionales aumentaron las dificultades internas y la debilidad de los gobiernos, que fueron incapaces de afrontar la situación.
El golpe militar de Miguel Primo de Rivera de 1923 fue la solución de fuerza que intentaba solucionar la crisis, con la aprobación del Rey. En un principio, la dictadura fue bien recibida: en 1925 el desembarco de Alhucemas terminó con la guerra de Marruecos; se restableció el orden social y se produjo un desarrollo de las obras públicas. En cambio tras el fracaso de la experiencia primorriverista, el Rey intentó en 1930 restaurar el orden constitucional, pero los partidos republicanos, socialistas y el nacionalismo se unieron contra la monarquía. La victoria electoral de los socialistas y republicanos en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 hizo que el monarca abandonara el país, en un intento de evitar una lucha civil, momentáneamente evitada con la proclamación de la II República, el 14 de abril de 1931.
Alfonso XIII vivió en el exilio diez años, hasta su muerte en 1941, en Roma, donde vivió sus últimos años de vida. En 1980 sus restos mortales se trasladaron al Panteón de los Reyes del Monasterio de El Escorial (Madrid).
martes, 7 de octubre de 2008
¡ME VEN!



domingo, 5 de octubre de 2008
RUEGEN A DIOS POR ELLOS. 1679
Por esto, esta estela del Monasterio de Uclés -otra vez- me ha llamado la atención. Acostumbrados a las grandes y rocambolescas letras endiosadoras de personajes nobles, estas conchas rinden sencillo recuerdo a aquellos trabajadores que perdieron su vida en un accidente laboral mientras levantaban la gigantesca fachada de poniente.
Corría el año 1679 y los Maestres y Priores de la Orden de Santiago deseaban finalizar el gran edificio que sería cabeza de la Orden y donde se centralizaría administrativamente la institución. Allí estarían los Archivos Generales, la gran Biblioteca que contendría Privilegios y Donaciones reales. Allí gobernaría el Gran Maestre un inmenso territorio desde el que podría ir a caballo hasta el mismísimo Portugal. Allí, "Los Trece" Caballeros elegirían a quien gobernaría la Orden tras el fallecimiento del Maestre y allí tendrían los Frailes -hombres de espada y de oración- su casa principal desde la cual arrancar al moro todos y cada uno de los territorios hispánicos.
Sólo restaba -para finalizar la moderna obra que habría de transformar el antiguo castillo árabe- la construcción de esa fachada. Y fue entonces cuando los andamios fallaron una vez que se estaban abriendo los cimientos. Cinco personas fallecían y el Prior D. Diego Pérez Alcázar ordenaba rendir recuerdo a su memoria mediante esta piedra tallada.
Era un Once de noviembre de 1679 y aunque dicha fachada fue proyectada por el arquitecto Francisco de Mora -discípulo de Juan de Herrera-, fueron muchos los arquitectos que en ella intervinieron: Francisco Mijares, Diego de Alcántara, Juan de Valencia y Bartolomé Ruiz.
Cada vez que paso por allí, y después de tantos siglos, me vienen a la memoria estas pobres cinco personas: ¿Qué sería de sus familias? ¿Qué pasaría con sus hijos, con sus esposas?...
Triste que en las grandes obras siempre existan grandes desgracias.
jueves, 2 de octubre de 2008
GONZALO CHACON
Justamente detrás de esta popular oración se encuentran sepultados los restos de D. Gonzalo Chacón y de su esposa. En una sencilla capilla gótica cuya entrada está protegida por una espléndida reja de la época (Siglo XVI), reposan los restos de este matrimonio castellano tan influyente en la España del Siglo XV. Retratados sus cuerpos exentos en un brillante alabastro, D. Gonzalo luce su armadura y su esposa su elegante vestimenta. Sonríen. Duermen. Es una sonrisa eterna, de ésas que uno recuerda hasta después de muertos los sonrientes.
Cuatro leones protegían el túmulo funerario. Sólo quedan dos. Todo él está rodeado por unas estupendas letras góticas que, vanamente, me he esforzado por descifrar. Imposible. Supongo que serán unas vidas tan intensas que son complicadas de comprender con la escueta lectura de las letras de sus sepulturas.
Olvidado, D. Gonzalo. Olvidados sus huesos, su vestimenta y su sepulcro. Pero un cartel exterior eleva una eterna oración. La Oración de D. Gonzalo Chacón.
Gonzalo Chacón (1429 - 1507) fue un político e historiador español. Durante el reinado de Juan II de Castilla, estuvo a las órdenes del valido Alvaro de Luna, y durante el de Enrique IV de Castilla fue contador de la princesa Isabel, luego Isabel la Católica. Se le atribuye por A. D. Deyermond la "Crónica de don Alvaro de Luna" (1453) que otros atribuyen a Álvar García de Santa María.