martes, 10 de marzo de 2009

Paseo por Cuenca

Colgada toda ella sobre piedras milenarias he encontrado de nuevo a la Ciudad de Cuenca. Dicen que su poeta la contemplaba todos los días desde estas rocas. Dichosos los ojos que pudieron contemplar tanta belleza resumida en tan infinita imagen.
Cuando aquel Ministro Lampérez quiso traer a Cuenca el mismísimo París, éste fue el resultado de su encomienda. Bajo estos muros, no falta quien dice que se esconde el Místico Grial que protegerá a los fieles en el día del fin del mundo. Por eso, los ángeles de su Triforio sonríen eternamente, como si esta Ciudad nunca fuera a extinguirse. Enigmática sonrisa para nosotros, los mortales.



Sus casa Colgadas, que no "Colgantes", esconden tras sus muros góticos las obras del que se ha dado a conocer como el Mejor Museo de Arte Abstracto. Es curioso ver dentro de tanta armonía un mundo tan asimétrico. Al lado, el Obispo de la ciudad se asoma por las ventanas mudéjares contemplando el rebaño que le han encomendado al mismo tiempo que la Catedral se levanta, tras sus sucesivas reformas desafiando la Ley de la Gravedad.


¿Quién a la vista de estas aguas, verdes como los pinos verdes, no desearía pasear sus amores por estos reservados espacios?

Y el que fuera de piedra y ahora es de metal, Grapa en el paisaje según muchos, nos provoca, desafiante, llamándonos a cruzar sus maderas envejecidas. Merece la pena cruzarte para contemplar los buitres felices que rememoran la eternidad.

miércoles, 25 de febrero de 2009

LIBER I



-Tratado de Cosas de Conciencia. Fray Antonio de Cordoba. 1583.
-Historia del Valle de Aran. Gracia de Tolba. 1613.
-Derecho de Naturaleza que los naturales de la Merindad de San Juan del PIe del Puerto tienen en los Reinos, de la corona de Castilla. 1622
-Vida Prodigiosa del Venerable siervo de Dios Fray Martín de Porras, natural de Lima de la Tercera Orden de N.P.Santo Domingo. 1675
-Comentarii ad titulum digestorim, de verborum obligationibus. Praepositae sunt singulis legibus et paragraphis summae, cpita rerum unoquoque loco tractatarum commode y dideliter indicantes.. cum gratia ac privilegio Caesareae Maiestactis, ad Decennium. Francofurti ad Moenum, apud Ioannem Feyerabendt. Impesis Sigismundi Feyarabendts. Donelli, Hugonis. 1577.
-Discurso sobre, lo útil, y aun necesario que se cree ser a los campos de la huerta de esta ciudad el estiecol y el polvo que se saca de sus calles, y perjudicial a la salud publica que permanezca en ellas. Le publica la REal sociedad economica de amigos del Pais de Valencia. Valencia y oficina de benito Monfort. 1788.
-Ilustración canónica e historial de los Privilegios de la Orden de San Juan (Orden de Malta). Calvo y Julian, Vicente: dedicada a S.A.R. el Srmo Señor Infante D. Gabriel Antonio de Borbon, Gran Prior de la misma orden en los Reynos de Castilla y Leon!, por D. Joachin Ibarra. 1777.
E infinidad de muchos más.
Era otro mundo. Y tuve la suerte de penetrar y descubrir lo que existía detrás de aquellas puertas.
Bajando la lúgubre escalera del edificio y tras recorrer un pasillo polvoriento, uno podía acceder, de tener la suerte de poseer aquellas llaves aunque de forma interina, al estupendo recinto donde se guardaba el tesoro de toda la región.
Dicen que no existe otra igual en toda Castilla. Y sin embargo es prácticamente desconocida.
Dicen que atesora gran parte de los libros que el obispo Barrientos quemó al Marqués de Villena quien además de ser un estupendo sabio y escritor, parece ser era amante del arte de la Alquimia. Fue entonces cuando el Obispo Barrientos, en un arrebato de celo apostólico y por orden -parece ser- del Rey Juan II, decidió requisar e incendiar la mayoría de sus libros, pero las malas lenguas comentan que en sus obras encontró el Obispo Barrientos la fuente de inspiración para muchos de sus escritos ya que conservó gran parte de los libros del Marqués en su biblioteca personal aún teniéndolos por heréticos y malditos. De esa biblioteca me cuentan que pasaron a la que yo tuve la suerte de visitar.
Tras el pasillo, una llaves enormes abrían una antiquísima cerradura y después de escuchar el ruido de sus maderas al abrirse, se descubría la Biblioteca de Alejandría. Sí. Porque era lo más parecido a tal Biblioteca que yo he visto jamás.
Miles y miles de libros, muchos de ellos incunables, se agolpaban a mis ojos sorprendidos desde unas inmensas estanterías que se alzaban hasta el techo de toda una enorme sala. Para acceder al segundo cuerpo, los bibliotecarios de la época habían dispuesto un sistema de escaleras y unos pasillos de madera que recorrían todo el recinto. Varias salas repletas de maravillosos libros de teología, ciencia, matemática, arte, cocina, medicina, biblias políglotas, catecismos. Libros anteriores al Siglo XV y posteriores al mismo. Joyas. Sabiduría plena. Todos los títulos que uno pueda imaginar. La sabiduría de cinco siglos. Y acumulada en varias enormes salas.
No había visto nunca la Enciclopedia Francesa. Y nunca la imaginé así. Un compendio de enormes tomos, teóricos por una parte y de ilustraciones por otra -cada tomo era correspondido por el de su igual número, pero en ilustraciones-, se abrían a mi visión dejándome ver, palpar y leer al mismo Diderot. Maravilloso.
Las Bibilias Políglotas... eso era como un orgasmo. Ver aquellos enormes libros en varios idiomas fue alucinante. Y encontrar en los mismos los nombres de personajes a quienes pertenecieron era sorpendente. Había algún libro que perteneció al que más tarde llegaría a ser hasta Papa.

Increible. Y todo ello escondido en un anómimo lugar de Castilla sin que casi nadie sepa ni conozca su existencia. Sin que casi nadie pueda acceder a su estudio e investigación. Sin que casi nadie pueda penetrar en esas "Divinas Palabras".

Definitivamente, este País nunca deja de sorpenderme.

jueves, 22 de enero de 2009

Mis vacas



Cuando Thiago me recomendó estas fotos, vinieron a mi memoria las Vacas de mi Colegio.
Eran unas vacas sacrificadas y todas las mañanas nos aportaban leche diaria para el consumo de los alumnos. Una leche estupenda.
Más tarde, el rector de turno, decidió que tener ganado propio ya no estaba de moda y desprendiéndose de tan noble animal, entró en el comedor la Leche "Pascual". Nada que ver con la leche de nuestras antiguas vacas.
Pero lo que no pude nunca imaginar es que alguien se acordara de mí cuando viera una vaca. Eso mismo es lo que, al parecer, le ha ocurrido a Thiago según cuenta en un comentario de su estupendo blog.
Claro que, al ver la vaca, me he sentido muy piropeado, porque, ¿quién va a negarme que esta vaca es realmente bella?
Definitivamente Thiago me tiene en una gran estima.
Gracias, pequeñín!

PD Al parecer, las fotos de Thiago suponen una muestra de la última exposición al aire libre que hoy mismo encontramos en Madrid.

¡Thiago! ¡Yo quiero esa vaca para mí!

sábado, 10 de enero de 2009

ματαιότης ματαιοτήτων τὰ πάντα ματαιότης‏


A veces pienso que el ser humano debiera estar siempre desnudo en la vida. Sin atamientos, sin obsesiones materiales. En plena libertad y en pleno desprendimiento.
Normalmente las fiestas navideñas son, para mí, una ocasión para enfocar de nuevo mi vida hacia la idea del desprendimiento. En realidad, suponen un hartazgo de todo el mundo material que nos rodea. Y en estos días, suelo repensar lo absurdo que es esa fijación nuestra por acaparar todo en esta vida. Es entonces cuando me viene a la memoria el texto griego del Eclesiastés: Mataiotes Mataiotetos, Panta Mataiotes -Vanidad de Vanidades, todo es Vanidad-. Un libro bíblico precioso. Ganas me dan de imprimir cientos de ejemplares y repartirlos gratuitamente en las entradas del Corte Inglés cuando veo a esas "Chotonas" comprando como posesas todo tipo de prendas y artilugios consumistas. El mundo ha perdido la cordura, me digo yo.
Todo es Vanidad. Y ciertamente, es en estos días de Rebajas, es cuando más incisiva se me impone la idea.
Trasladarme y empaquetar todos los trastos de mi antigua casa ha supuesto para mí darme cuenta de la cantidad de chismes que he atesorado sin conocimiento alguno. Ha salido de todo: prendas que no me he puesto todavía, adornos varios que me han ido regalando y que he ido guardando por no saber dónde ponerlos y artilugios varios, en mi afán de no tirar nada por si algún día pudieran servirme para algo. Pura Vanidad.
Ir hoy de compras me ha servido para reflexionar sobre la idiotez humana. Cientos de señoras comprándolo todo. Prendas -miles- amontonadas en tiendas de marca. Multitud removiendo alocada y deshumanizada. No compré nada. Pura Vanidad.
Llegar al pueblo y ver el estilo de vida de gente que por genealogía era de la más humilde. Hoy su descendencia luce vanidonsamente unos cochazos al más puro estilo del Marqués de turno. Audis, Mercedes y grandes marcas atascando las estrechas calles donde han de realizar cientos de maniobras para poder circular dada su estrechura. Pura Vanidad.
Y ya, el colmo, llegar a mi actual trabajo y descubrir que todos los dueños de esos cochazos resultan que se encuentran embargados por no poder afrontar las letras mensuales. Pura Vanidad.
Y yo me pregunto: ¿no sería mejor que todos supiéramos disfrutar de nuestra propia desnudez? Quizás hemos 0lvidado el sabor de la libertad. Estamos atados de pies y manos por un mundo material donde, como decía el Eclesiastés, Todo es Vanidad.
Por eso, hoy, yo quiero verme y sentirme como los Guapos de estas fotos. Es triste que no queramos ver la denudez nada más que en una película porno.
Deberíamos ir desnudos más a diario. Sin Vanidad.

viernes, 9 de enero de 2009

Ángeles







Impresionado ante tal cantidad de especies angelicales, no dejó de sorprenderme el encontrarme un Ángel tan vulgar en el nacimiento de la Parroquia de mi localidad.

Los habían "Ángeles", también "Arcángeles"; los había, "Tronos", "Dominaciones" y "Potestades". También "Querubines" y "Serafines" e incluso "Principados", "Virtudes" y "Custodios". A mí, particularmete, me gustaron siempre los "Putis" porque resultaban un tanto más liberales y más graciosos. ¿Quién no ha sentido en alguna ocasión la protección de un ángel Puti?. O, ¿quién no se ha dejado seducir por alguno de estos Putis angelillos?. Yo sí.

Pero ese Ángel era verdaderamente horrible. Ahí estaban la Virgen y San José, un pequeño niño Jesús -desproporcionado en relación al resto de figuras (¿por qué esa manía curil de poner a los Niños Jesuses desproporcionados?)-, la mula (que a mí me recordaba a mi vecina) y el buey (a su marido, remenber). Y detrás del niño y en medio de semejantes vecinos míos (mula y buey) un Super Angelote revestido con toda clases de túnicas y con una farola en mano en la cual un teatino Padre colocó una esquela en la que se podía leer: "Gloria a Dios en el Cielo y en la Tierra, Paz a los Hombres de Buena Voluntad". Un Angel Horrible que desentonaba tremendamente con mis vecinos y con el niño desproporcionado.

Yo me pasé la Misa del Gallo mirando a ese tremendo Ángel. En solitario quizás hubiera resultado decorativo para mi entradita, pero en aquel Belén tan desastrado resultaba feísimo.

Miraba al Ángel en las lecturas, en el sermón -¡siempre es el mismo! Yo creo que el Párroco lo tiene escrito y lo lee todos los años-, en el ofertorio, en la consagración, en la comunión y camino de "besar al niño"... horroroso.

Y es que, es decepcionante encontrarte con semejante Ángel en las pocas ocasiones en que uno va a una celebración religiosa. Al menos, el párroco podía haberse dado una vuelta por los blogs de internet e inspirarse para decorar a mis vecinos (dicése, la mula y el buey) con unos de esos angelitos que preceden el texto. Pero es que ni la Iglesia es ya lo que era.

Cuando escucho el relato evangélico del anuncio del nacimiento del Mesías por boca de un ángel a los pastores, yo me lo imagino como las susodichas ilustraciones. Y entiendo que un ángel no iría por ahí con esos ropajes y esas túnicas que luce el de mi parroquia. Por eso, para el año que viene, sugeriré a la Institución una actualización de semejante figura.

Al menos, mis vecinos se sentirán mucho mejor acompañados.

Eso sí, me queda el consuelo de la Imaginación de Bruto, que me ha pensado estupendamente en estos días. ¡Gracias Bruto!. Eso sí que es un Ángel.


Fotos cedidas, donadas y regaladas por jahhy

miércoles, 17 de diciembre de 2008

MARICA


Cuando vio como me cambiaba la expresión del rostro, salió corriendo.
Me ha encantado los nuevos paneles de Brilli-Brilli y espero que me perdone el robo a mano armada que he hecho de sus últimas fotos -a Brilli lo podeis ver enlazado a la diestra; sus paneles sobre la Ira son estupendos, hay que leerlos-. Y cuando he leído a nuestro Bruto -también enlazado y bien enlazado en dicha parte de mi blog para que podais visitarlo como manda la Santa Madre Iglesia de Thiaguín (que fue el que me incitó a iniciar estos escritos)- me ha venido a la mente aquella anécdota que acabó por asustarme.
Dicen que el ser humano puede pasar del amor al odio en cuestión de segundos, y de la Paz a la Ira en décimas del referido tiempo. Es verdad.
En aquella ocasión, he de reconocer que pasé a la Ira casi instantáneamente. No me costó ningún esfuerzo.
Cuenta nuestro amigo Bruto en su blog que era común en su Residencia de Estudiantes practicar novatadas a los alumnos de nuevo ingreso. Tema éste, el de las novatadas, que nunca me hizo gracia cuando yo llegué al internado de mis juveniles días.
He de reconocer que a mí no llegaron nunca a someterme a dichos tormentos. Quizás por mi aspecto de timidez, por mi mirada o porque llegué a parecer persona débil o quizás irascible o vengativa. No sé.
Pero aunque no tengo constancia de haber ido por allí en aquellos días soltando plumas, entiendo que una educación prácticamente femenina quizás me hizo parecer demasiado refinado en aquel mundo de brutos. Mundo en el que nunca permití que se me encasillara en nada. Nunca me gustaron los encasillamientos y cuando alguien pensaba que era domable, entonces me revestía de rebeldía hasta no más poder llegando incluso a ser soberbio.
Aún recuerdo lo que aquel formador me dijo un día cuando nos echaba la bronca a Carlos y a mí:
-A tí, Angel, ni me molesto en decirte nada. Porque eres tremendo. Te daría absolutamente igual: por una oreja te entra y por otra te sale. Puedes llegar a ser desquiciante.
En fin! Yo nunca me tuve por tal. Pero según este Cura podría sacar de quicio a cualquier persona del mundo mundial. Y he de reconocer que nunca he entendido esa definición que el Cura hizo de mi persona. Pero supongo que todo es cuestión de opiniones.
A lo que iba.
Me cambió el color de la piel, del rostro, del cuerpo; me cambió la posición del cabello -incluso del púbico-, la forma de mis uñas y la fijación de mis dientes. Yo mismo me reconozco retroactivamente -y en aquel momento- en la foto de la Ira que Brilli-Brilli nos muestra en su blog y que yo le he robado -mea culpa, segunda vez que lo digo- colocándola al inicio del panel.
Se acercó el interno y dijo insultándome:
-¡Marica! ¡eres un marica!
Yo nunca tuve problema en ser un marica o no serlo. Es más, tampoco lo había planteado ni recuerdo -como ya he dicho- soltar tantas plumas para que aquel esperpento de compañero me definiera como tal.
Fue entonces cuando la ira se apoderó de mi persona. Y él debió de verlo porque salío corriendo.
No he sido nunca muy deportista -sí ciclista- pero aunque el esperpento criticador corría, la ira instalada en mis piernas y en mi persona salió corriendo detrás del chaval.
Fue cuando la misma ira entendía que ya estaba en posición cuando me hizo subir la pierna con tal furia endemoniada que en vez de atizarle una patada en el trasero como yo pretendía, mi pie se coló entre sus piernas por detrás y le dí, con toda la ira que me dominaba, una patada en los cojones que lo dejé muerto.
Yo mismo noté que le había reventado sus partes. Y cuando la ira me hizo retroceder con toda naturalidad del lugar de donde había salído corriendo, vi que estaba en el suelo con las manos sujetando sus colgantes partes tirado por los suelos retorciéndose de dolor y entre lágrimas varias.
Entonces la Ira me dijo: ¡Que se joda! ¡A ver cuándo me llama Maricón de nuevo!
No debió de chivarse a ningún superior porque supongo que hubiera debido de enseñarle las pelotas... y claro! le daría vergüenza. Pero el chaval se quedó -me consta- retorcido por los suelos largo rato hasta que logró recuperarse.
He de reconocer que cuando la ira me abandonó, me asustó lo que había hecho. Pero he de reconocer, igualmente, que aquel Burro no tuvo nunca jamás la ocurrencia de decirme ni dirigirme nunca la palabra.
A dios le di las gracias. No merecía la pena perder el tiempo con semejante idiota.
Desde entonces, nadio osó practicarme una novatada.

martes, 9 de diciembre de 2008

La Seu




Hay muchas versiones del "Collige Rosas", del "Carpe Diem" o del "Vive la Vida". Pero la última versión, me ha descolocado los huesos. Muerto me he quedado.
Cuando viajo a Valencia, suelo ir con mi pareja a cenar los sábados por la noche a un restaurante del Casco antiguo. Y después de darnos una ligera comilona -ligera la de mi pareja, porque yo acabo por comerme mis platos, los suyos y los de los vecinos si se dejan (uno tiene siempre unas hambres devoradoras a esas horas)- suele ser común que tomemos alguna copa en algún local del Barrio del "El Carmen" que a mí tanto me gusta -esas casas semiderruidas, esas callejas oscuras y ese mundillo apaciguado y tenebroso que adquiere el barrio, me seduce mucho-.
En esta ocasión -y en muchas otras- pasamos a un pequeño local al lado de La Catedral de Valencia, llamado "Café de La Seu". Mi ínclito visitador y comentarista Brilli-Brilli, sabrá de forma certera el local de que se trata.
Pues bien. Una vez sentados y con el Agua de Valencia -una buena jarra!- en mano, acudieron al recinto dos machos ya entraditos en edad y se colocaron muy amistosamente al lado de nuestra mesa.
-¡Uy, mira! Aquí pone que el jueves primero y segundo de cada mes hay fiesta de la espuma. ¡Qué maravilla, chico! -le decía uno al otro mientras le enseñaba un papelito con dos tiazos en calzoncillos y en botas militares -sin más ropa, según vi-
-¡Ahhhhhhh! Ya! ya!... pero ¡mira!: Los terceros y los cuartos de cada mes, la fiesta es más completa; ¡fiesta naturista! ¡eso, chico, quiere decir que todo va colgando! ¡desnuditos todos! ¡fijate lo que será ver todo eso desnudo! ¡todo al aire, chico! ¡al aire!- le respondía el segundo al primero.
Mi pareja y yo sonreimos por lo bajini mientras nuestros venerables compañeros nos miraban con sonrisas picaronas al ver que habíamos oido perfectamente la conversación.
Mientras que los abuelos se traían esos devaneos y hablaban de condones y cosas varias, siempre relacionadas con el buen hacer del sexo masculino, nosotros nos tomábamos el Agua de Valencia, copa va y copa viene, a la vez que otros dos extranjeros que no hacían nada más que pedirnos constantemente fuego -fuego les daría yo! ¡fuego! jajaj!- le echaban los tejos a mi chico tomándose sus siete jarras de Agua de Valencia -menuda cogorcia llevaban ya encima los elementos nórdicos-. Pues eso, mientras en esas estábamos, he aquí que pasaron unos chavalines guapísimos por la puerta y con unos cuerpecitos elegantemente bellos y cuidados. Bien peinaditos, con todo colocadito y soltando alguna pluma para hacerse notar. Guapísimos, para qué negarlo -he ahí una referencia en las fotos que he colgado-.
Los abuelos, inmediatamente, lanzaron sus devoradoras miradas hacia la nueva carne entrante. La del local ya la tenían controlada y tras una mirada lividinosa de arriba a abajo a aquellos cuerpos esculturales, no pudieron controlar sus ansias sen y sexuales. Vamos! que yo creo que se empalmaron mientras los chavalines pasaban a su lado sin ni siquiera mirar a tan ínclitos representantes de los años treinta.
-¡No te preocupes chico!, le decía uno al otro. ¡Que éstos son muy guapos! -supongo que venía a reconocer la imposibilidad de sus deseos-
-¡Ah, sí! Serán muy guapos y estarán muy buenos, pero también se van a hacer viejos como nosotros, le contestó el otro al uno.
Yo me quedé muerto, porque rápidamente vinieron a mi mente aquellos versos de Jorge Manrique: "Nuestras Vidas son los rios que van a dar a la mar...", mientras me quedaba melancólicamente mirando a mi chico que seguía con su copa observándome con sus sonrisas amorosas. Nunca pensé que en un lugar tan liberado pudiera yo encontrar una literatura tan profunda. Ni de copas, ni con copas ni con Agua de Valencia, a uno le dejan vivir tranquilo olvidándose de la espectante muerte.
-Definitivamente, estos abuelos -le dije a mi chico- son malos, malísimos.
-Sí! Pero lo que no saben los gilipollas es que a esos chavalines les queda mucha vida por vivir.
-¡Ya!... ¡Pero no sé si eso es un consuelo! -le respondía yo-